"Los 7 de Cornell" y mi masculinidad
Actualizado: 3 oct

Original: Mixtzin Alejandra
Hoy, Octubre primero, estaba leyendo en la mañana sobre el tema de "Los 7 de Cornell" y decidí escribir un texto "seco", directo y sin muchas vueltas a raíz de los auto-cuestionamientos, auto-confrontaciones y algunas otras cuántas observaciones derivadas del proceso terapéutico que llevo unos años transitando. Es el primer texto que planeé hacer público, espero puedas leerlo, comentarlo, debatirlo y/o compartirlo. ❤️🩹
Me parece importante comenzar escribiendo que considero que esto es un asunto que nos compete, de entrada, A TODAS LAS MASCULINIDADES. Lo primero que me viene a la mente y al cuerpo es que debemos tener entre nosotros, los hombres, conversaciones mucho más profundas y confrontativas con respecto a las violencias que ejercemos, que hemos ejercido o que aún ni siquiera identificamos en nuestras dinámicas diarias y nuestros vínculos más cercanos y dejar de adjudicarle esa responsabilidad a las morras. Señalar, sancionar, y poner el cuerpo nosotros con nosotros mismos, (probablemente conozcas esto como "romper el pacto"). Creo que debemos reflexionar (para poder accionar favorablemente) sobre la responsabilidad emocional, sistémica y política que conlleva asumirnos esos violentadores que TODOS LOS HOMBRES SOMOS a distinto grado y de distinta manera; necesitamos hablar más sobre el privilegio de las NO-CONSECUENCIAS de nuestras acciones como resultado de un sistema diseñado por vatos para vatos y, por supuesto, enfrentar las consecuencias de todas aquellas negligencias cometidas.
Debemos dejar de avalar la idea de que nos podemos "seguir saliendo con la nuestra" simplemente porque así está diseñada la realidad socio-política en la que vivimos, (asumo que tú como "hombre", si estás leyéndome, sabes o sospechas que gozamos de ese privilegio de no rendir cuentas ante muchas de nuestras negligencias solo por ser hombres y más de una vez lo hemos usado a nuestro favor, me atrevo a decir que inclusive se considera una "cualidad" en el sistema capitalista-aspiracionista). Necesitamos RENUNCIAR a ese privilegio sistémico que tenemos por "ser hombres" (y más siendo "hombres" hegemónicos) y reflexionar cómo es que ese mismo privilegio es el que nos aprisiona, el que nos hace estar persiguiendo inconsciente o conscientemente un concepto de masculinidad que, aparte de ilusorio y falso, nace del mismo deseo del sistema de REPRODUCIR la opresión, la violencia y la desconexión total con nosotros mismos y con nuestro entorno, ese privilegio que al mismo tiempo nos hace querer "graduarnos" constantemente de cierto nivel de "masculinidad"; el que nos hace seguir buscando la aprobación de otros "HOMBRES MÁS HOMBRES" que nosotros, y para renunciar debemos primero asumirnos parte de esa reproducción sistémica de violencia porque sospecho que somos los encargados de "sostener en el tiempo" esas dinámicas de poder en este sistema capitalista, voraz, opresor, genocida y colonial. ¿O tú quién crees que se beneficia de la violencia patriarcal y machista?
No existe forma, a mi criterio, de que no hayamos reproducido todas estas violencias heredadas por el capitalismo en algún momento de nuestras vidas, y el patriarcado, para mí, es una especie de ENFERMEDAD IDEOLÓGICA DEGENERATIVA que aparte nos "beneficia" a los hombres hegemónicos a costa de la frustración eterna de nunca ser lo suficientemente hombres, así que si consideras que estás libre de responsabilidad porque "no has llegado a golpear a tu pareja" o porque "los celos son normales", o porque "qué chistoso ese chiste de abuso", me gustaría decir muy probablemente los límites de la violencia se expanden conforme se van normalizando conductas en el entorno.
*NOTA INTERMEDIA: Para evitarme calificaciones del estilo de "superioro moral" y demás por parte otros hombres que puede que lean este texto, diré que yo no podría estar escribiendo sobre esto si no hubiera decidido entrar en un proceso difícil y largo de reconocimiento de violencia estructural y machista ejercida por mí hacia ex parejas, hacia colegas, hacia mujeres de mi infancia, hacia familiares y amigas; violencias que trato de reconocer y de asumir todos los días de mi vida. Aunque también debo reconocer que el espacio para poder asumir estas violencias también nace de un sistema de privilegios exclusivos de mi contexto, ya que mi actual terapia, aparte de ser profundamente confrontativa, tiene como enfoque principal la consciencia de clase y la perspectiva de género, y sé que no todos tienen acceso a estas herramientas psico-sociales, por ahí hay otra revolución pendiente.
Dicho esto, con toda la vergüenza que conlleva, debemos repasar nuestro historial de violencias y comenzar a crear entornos no de victimización ni justificación (que considero que muchos grupos de "masculinidades" planean construir desde esas latitudes), sino de asunción de responsabilidades, de rehabilitación profunda y horizontal y de una contextualización adecuada dentro de un marco socio-político-económico que nos permita un análisis preciso para que podamos discutir y trabajar eventualmente tanto en la reparación, la no-reparación, la prevención de las violencias, hasta en la búsqueda de herramientas interseccionales (y sin pretextos ni fórmulas emocionales) para generar un cambio en nuestros círculos más cercanos. Practicamente considero que NECESITAMOS AUTO-FUNARNOS para empezar a generar un verdadero cambio, y entender que hay un trabajo individual profundo. Prácticamente debemos enseñarnos entre vatos a HACERNOS CARGO DE NOSOTROS MISMOS.
Con esta escritura sin academicismos ni pretensiones planeo solamente sembrar una pequeña semilla en este campo tan fértil y tan colosal que puede ser el proceso de "desconstrucción" y "construcción" de nuevas formas de desarrollar nuestras masculinidades y de generar nuevas herramientas para vincularnos con el entorno aún en los momentos más difíciles de nuestras vidas, sabiendo que la lucha es hacia arriba, hacia ese sistema que nos tiene encadenados a una realidad insostenible y desastrosa y que nosotros somos soldaditos de una guerra contra toda disidencia, contra las mujeres, una guerra que no es nuestra.
Hasta este párrafo me dio el tiempo libre para escribir sobre este tema pero tengo mucho más qué decir y, por supuesto, qué aprender. Me gustaría cerrar con que "Los 7 de Cornell" es una ventana (sin afán de minimizar tal perversión y con todo el respeto a la víctima) a todas las violencias estructurales que existen en el mundo; desde la red pedófila de trata de personas de Jeffrey Epstein y las élites mundiales hasta todas las agresiones sexuales en la UNAM (o en distintos espacios educativos de nuestra Abya Yala), sobran pruebas para asumir que el mundo en el que vivimos está regido completamente por los intereses de esa masculinidad "cistematizada" y heteronormada, ¿crees que eso se queda fuera cuando llegamos a casa? No, debemos dejar de evadir y evitar la más dura realidad, no somos parte del problema, SOMOS EL PROBLEMA, y tenemos que desdoblar nuestra perspectiva, nuestra narrativa y empezar a querer construir realidades muchísimo más amables para nuestras compañeras y para nosotros mismos, así nos tome la vida entera. ¿Qué hacemos entonces, compañeros? ¿Platicamos?
*NOTA FINAL: Hablé con algunos compañeros de hacer un grupo de confrontación y diálogos de hombres a hombres, generar estos espacios urgentemente, si quieres participar o debatir sobre cómo mejorar estos espacios te dejo mi celular, 5534888932.
Somos el mismo sistema que nos falta corromper para estar libres.
Mil millones de kilómetros de disculpas a las mujeres que he ofendido de alguna u otra forma, no basta haberles escrito individualmente en ciertos momentos de mi vida, también es importante reconocerme como lo que soy, lo que fui y lo que quiero ser, renuncio a esta masculinidad silenciosa, cobarde y desinteresada.

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